It's where my demons hide
Pues es fácil: letra tras letra...
De mi mente no salen más que tristes poemas, trozos de vida que parecen hilados sin mucho sentido en líneas desparejadas. Porque... soy realista: la poesía se la dejo a los poetas, y yo me quedo solamente con las letras.
Ellos que se adornen con ricas metáforas, que yo arrastro mis frases macabras.
Al menos sé que por mucho que las lleve por el suelo, se mantienen limpias...
Pero ahora voy subiendo por las ramas, y como nadie puede pararme: «¡Eh, oye! Vas a caerte!»
Algún día bajaré de la copa de mi secuoya, aunque para eso bien se sabe que antes debo de llegar hasta arriba. Llegar y contemplar el paisaje. No estoy segura de lo que me encontraré al mirar abajo, pero por el camino, rama tras rama es ese pensamiento el que me mantiene intrigada y me alienta a seguir subiendo.
Las secuoyas son altísimas, altísimas... Pero tan bonitas... Algún día las veré en California, por ahora cuido a la mía: la secuoya de mi vida.
Y es que sé que mucha gente se asusta de su altura, por eso dejo de verla en la escalada. Me da pena, pero creo que no es mi problema.
Pasa lo mismo con los demonios internos. Yo los quiero, no les tengo miedo. ¿Por qué asustarme de algo que forma parte de mí? Sin ellos a veces me habría perdido. Son vocecillas que sustituyen a la conciencia, porque ya la mataron en el pasado. Sólo recuerdo un difuminado "crack" que apagó la voz de mi mente.
Cuando creo que estoy sola, me hablan, y no me queda otra que sonreír y afrontar el futuro. Soy afortunada, tengo mucha ayuda. Y sé que si me resbalo, un angelito con alas de murciélago sujetará mi brazo y alzará la barbilla para que continue. Lo mismo con alguna pierna...
Y puede que al llegar a la cima me dejen, estaré triste, pero sabré que irán a ayudar a otr@ a escalar su árbol. A lo mejor (y ese es mi deseo) alguno se quede a mi lado.
Los hay quienes prefieren patearlos por miedo, y así ellos se rebelan mostrando su dolor. No pretender dañar, pero si les hacen daño a ellos...
Los primeros ataques de mis demonios son débiles en mi memoria, creo que hubo tantos que mi conciencia murió de un infarto y que ellos sólo contemplaron su muerte con horror. Desde entonces dicen que me la deben, por eso están conmigo.
Pero aquella vez sí que actuaron bien, y me lo recuerdan cada vez que el recuerdo aflora por algún rincón de mi cabeza.
Una vez les conté que en un libro genial, un chico que amaba el té verde y a una chica que quería ser loba, había aprendido a guardar en cajas de cartón todo aquello que quería olvidar pero de lo que no podía deshacerse. Así, podía estar tranquilo, porque usaba un precinto muy fuerte.
A mis demonios les encantó la idea y pensaron que me vendría genial. Y empaquetaron tantas cosas... Las envolvieron con cuidado. También usaron plástico con pompitas y precinto fuerte, como el chico que amaba a la loba.
Aún así algunas cajas se movían, pero por eso están ellos rondando: se suben encima y no dejan que se abran.
Si alguien consigue quitar el precinto y ellos lo descubren... que miedo. Se enfadan mucho aunque yo esté triste, y no me echan la culpa. Por eso, tal y como Imagine Dragons dicen en "Demons": «its dark inside. Its where my demons hide, its where my demons hide»...
Me inquieta mirar a los demás a los ojos, ¿y sabéis por qué? Porque es donde se esconden los demonios y algunos son muy difíciles de convencer. Hasta no estar segura, prefiero no mirar. ¿Qué tipos de demonios esconderán esos ojos azules? ¿Y aquellos más verdes? Se podría armar una guerra o encontrar demonios aliados, pensadlo.
Para no tener que llenar y guardar más cajas, dejo actuar a mis chicos primero. Así que... cuidado con los ojos: «its where my demons hide.»
Por: Princesa solitaria

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