Las Marcas en mi Cuello
Fui yo quien buscó sus labios. Al inicio todo no había sido más que una broma que yo me había obligado a seguir. Nuestros amigos nos decían que hacíamos buena pareja, y como ya no soportaba tanto rapapolvo decidí llevarles la corriente. Y por alguna razón la corriente me arrastró hasta quedar cerca de sus labios, lo demás, fue cosa mía. Sentí el peso de su cuerpo sobre mí, la hamaca en donde ambos descansábamos se mecía lentamente de un lado a otro pero apenas lo sentía. Su aliento, despedía esa amargura propia del alcohol, pero debo admitir que cuando la degustaba con mi lengua me gustaba bastante. Su comportamiento era más bien cariñoso, probablemente tierno sea la mejor palabra para describirlo. Su mano acariciaba mi rostro, apretaba, con dulzura, mi cuello y mi hombro. Su otra mano servía de apoyo para que yo no tuviera que cargar todo su peso. Nos separamos por un momento para ser partícipes de la conversación que los demás tenían. Nos vimos, sonreímos, nos mimamos como pe...